ago 19 2011

Universidad de Valparaíso lamenta partida de cineasta chileno Raúl Ruiz

El cineasta falleció en París a los setenta años, víctima de una infección pulmonar. La muerte del reconocido cineasta chileno es lamentada en diferentes ámbitos de la vida nacional e internacional.

El reconocido cineasta nacional falleció a los 70 años en París.

El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y el director del Festival de Cannes, Gilles Jacob, rindieron un homenaje al cineasta chileno. En un comunicado resaltan su figura “como heredero de los Lumière”.

“Con Raúl Ruiz, creador cuyo compromiso en los combates de su siglo se nutría de una inmensa erudición y de una infinita curiosidad”, prosigue el comunicado de la presidencia.

La inspiración de Ruiz, hombre de una cultura universal, partía del patrimonio de todas las artes -cine, literatura, pintura, poesía, teatro- y de todos los países“, añade el jefe de Estado galo.

Ruiz tendrá un funeral en París, pero posteriormente sus restos serán traídos a Chile para ser sepultados en Puerto Montt, según su propia voluntad.

En nuestro país el mundo del arte y la cultura reaccionó con profundo pesar. En el ámbito académico regional, la Universidad de Valparaíso, lo había reconocido en marzo pasado como Doctorado Honoris Causa de esta casa de estudios, único reconocimiento de este tipo que el realizador recibiera en Chile.

El rector de la UV, Aldo Valle, lamentó la partida de Ruiz y expresó sus condolencias a su familia a nombre de la comunidad universitaria, destacando las cualidades no sólo artísticas, sino también humanas del cineasta.

En la ceremonia de marzo pasado el director de la carrera de Cine de la UV, Sergio Navarro, fue el encargado de presentar a Raúl Ruiz, destacando los méritos que lo hicieron merecedor del nombramiento de Doctor Honoris Causa.

Afirmó que “todo lo que el cine chileno se propuso hacer pasa por Ruiz”. Subrayo que en su obra “la ética está antes que la estética”, a la vez que enfatizó que su obra es de culto, aunque no está presente en los circuitos comerciales.

Previo a la ceremonia  el encuentro con la prensa

Raúl Ruiz conversó con la prensa, antes del reconocimiento que la Universidad de Valparaíso le entregó. En la oportunidad respondió todas las preguntas con buena disposición y con una buena dosis de humor.

¿Todavía opina que los chilenos somos un país de llorones?, como dijo el 2005 en una entrevista:

“Una de las grandes ventajas de países como los nuestros es que cambian  mucho, lo que no es garantía de que no vuelvan a cambiar. Es evidente que Chile es un país muy risueño, tal vez demasiado; muy optimista, tal vez demasiado, y en disposición absoluta de ponerse a llorar en cualquier momento. Esto ya no lo digo como una crítica, sino que me parece casi una capacidad de adaptación muy saludable, sobre todo en un país con tanto terremoto. Recuerden ustedes que para el terremoto de Chillán se construían canciones para reírse del terremoto, para reírse de la desgracia; o sea, una catástrofe no significa un pretexto para llorar, puede ser también un pretexto para reír. Chile es lo que es. Yo siendo chileno no sé mucho lo que es Chile. De repente salgo con exabruptos, pero eso también es muy chileno. Así que ni retiro ni afirmo lo que dije”.

Una universidad regional sea la primera casa de estudios chilena que lo nombra Doctor Honoris Causa:

“A Chile qué más le voy a pedir, si soy Premio Nacional, tengo todo tipo de medallas, ya me da vergüenza un poco. Además, Doctor Honoris Causa, yo que tenía tantas dificultades para sacar un diploma, que mis padres me decían ‘un cartoncito por lo menos, chiquitito, por chico que sea, y yo no podía sacar ninguno, ni siquiera de cine. Entonces de repente, que me lleguen al final, me tranquiliza el espíritu. Pero lo que sí es un hecho, insisto, es que en Chile me han dado tantos honores que a mí me da por decir que ya me basta. Pero no les voy a pedir además que vean mis películas, porque eso sería ya una crueldad innecesaria”.

Respecto de si le gusta filmar en Chile:

“Si me dieron el Premio Nacional, es lo mínimo agradecer. Más encima ahora voy a ser Doctor Honoris Causa. Eso me obliga un poco a retribuir de alguna manera los honores. Que me guste, me guste… digamos que sí. Me gusta trabajar con gente que hable el idioma castellano con el mismo acento que yo, así no tengo que andar cambiando de idioma todo el tiempo. Sí, esa parte me gusta. (…) Lo que me gusta en Chile es esa manera tan especial de hablar que muchos chilenos tienen todavía. Y que muchos creen que viene de la dictadura, pero yo sé que antes también era así: los chilenos a veces son capaces de hablar sin usar ni verbo ni sujeto, o usan el verbo y el sujeto desplazado, lo que hace que hablen horas y no se sabe de qué”.

Su opinión acerca de los medios de comunicación en Chile:

En marzo pasado en su visita a Valparaíso conversadno con la prensa.

“Ahora leo religiosamente, es el caso decirlo, El Mercurio y La Tercera, además por supuesto de otro medio, El Siglo, porque es un diario al que le debo mucho: fue el único diario que promovió mi matrimonio en las páginas sociales. Veo también la televisión. Y veo que los medios se están moviendo demasiado hacia un dicho que da mucho miedo: ‘está pasando, lo estás viendo’, que es el slogan de CNN. ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué lo que no estás viendo no está pasando? Qué pasa si uno dice: ‘no lo estás viendo, no está pasando’ o ‘no está pasando pero lo estás viendo’, lo que me temo que sea a menudo el caso, cuando se trata de inflar hechos mínimos y minimizar hechos gigantescos. Yo miro eso con bastante humor, porque es divertido”.

Añadió: “O sea, ver por ejemplo la Televisión Nacional en las mañanas es… Bueno, como da risa es bueno para la salud. Ver que la gran noticia es que un perrito le comió la oreja a un conejo en la población La Granja, y eso veinte minutos, con declaraciones del médico que dice que le va a poner la oreja de nuevo, la dueña, qué sé yo. O algunos problemas de redacción, que son particularmente poéticos, como por ejemplo había un accidente en que había muerto un hombre, su mujer y una guagua de dos meses, que estaba redactado de tal manera que se deducía que quien conducía era la guagua de dos meses. O qué sé yo, un perro que murió debido a una anestesia mal dada, y que de repente aparece una entrevista en que habla una señora y abajo dice ‘hermana de la víctima’; o sea, es una perra. Ese tipo de juegos, que es la parte buena creo yo del periodismo chileno, está oculto por el movimiento de campañas, que es la parte cínica. Como el manejo de la guerra de Libia, que no es nada más que un proceso de manipulación de las redes sociales para facilitar movimientos que lleven al control del petróleo. Digamos que yo me muevo entre uno y otro; no sé para qué me va a servir, no pienso hacer películas sobre eso, pero en Chile es muy fascinante. No dijo que no pase en otras partes; en Francia pasa de una manera un poco más sutil y un poco más cínica también. En Chile, como es más en bruto, se nota más la fisura, los terremotos, los derrumbes en la información. (…) A mí me parece simpático que se dejen veinte minutos a un conejo que perdió una oreja peleando con un gato, pero es raro que se muestra eso y detrás, en treinta segundos, se nos informa que Corea del Norte y Corea del Sur están al borde de la guerra”.

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