feb 16 2011
UN SITIO DE INTERÉS ESPECIAL
Enero, febrero, agosto, junio, diciembre. Sea el mes que sea, cada año aumenta el turismo en Valparaíso en un 10%. Un crecimiento –que según los empresarios del rubro- no va a la par con las políticas públicas que merece un destino turístico de esa categoría. Aquí una mirada al Valparaíso soñado por los expertos, contrastado por las proposiciones de la municipalidad.
Por Javier Foxon
Un ejercicio. Abrir el organigrama del municipio de Valparaíso y buscar en ese mar de brazos e instituciones el organismo encargado del turismo. ¿Cuesta encontrarlo no? Pero ahí está. Casi al final de la columna de la Dirección Desarrollo Económico y Cooperación Internacional, escondido entre otros tres proyectos está el Departamento de Desarrollo Turístico, un departamento notoriamente dependiente y sin mayor presencia dentro del municipio.
“Por su ubicación parece un departamento no de cuarta, sino de quinta categoría”, dice José Campusano, empresario del rubro y presidente de la Asociación de Hoteles Boutique de Valparaíso.
La poca autonomía del departamento y su poca importancia dentro del organigrama municipal es el mejor reflejo de las críticas de los hoteleros porteños sobre la gestión turística de la ciudad. Una gestión que parece no ir a la par -no estar a la altura- de la demanda que agarró Valparaíso como destino turístico en los últimos tiempos.
HERIDAS CON SAL
Marisa Rojas, vicepresidenta de la agrupación Hostales, Hospedajes y Residenciales de Valparaíso (HHR), se queja de que la semana pasada casi atropellaron a uno de sus turistas. El gringo estaba recién llegado y lo único que estaba haciendo era descargar su equipaje desde un auto estacionado en la calle San Ignacio justo frente al Hostal Rincón Marino de Marisa. Un colectivero imprudente apenas alcanzó a frenar cuando vio al turista con la maleta en la mano. “Llevo años solicitando al municipio que fuera de mi hostal coloquen un letrero y me den un espacio para que los pasajeros puedan descargar su equipaje como es en todo el mundo. Pero me han tramitado y me han tramitado y aún no pasa nada”.
Más arriba en las alturas del cerro Alegre, José Campusano, ingeniero civil y dueño del Hotel Boutique Acontraluz se queja de lo mismo. “El departamento de turismo le pide al departamento de tránsito y ahí se pelotean y no lo hacen nunca”, se pregunta sin entender por qué si en Valparaíso el turismo crece al ritmo de un 10% al año como destino de interés especial y significa el 20% de la mano de obra en una ciudad con groseros índices de desempleo, desde el municipio se les hace la cosa tan difícil para los empresarios del sector.
“Valparaíso es un destino en construcción que está imponiéndose a pesar de las autoridades, en el sentido de que está muy decaído de políticas públicas. Porque su gran demanda, no va a la par –o no está a la altura- de sus políticas públicas. Todo por una incapacidad, por una desidia. Por una inconsecuencia de las autoridades, porque se plantea que su eje central de desarrollo es el turismo y en la praxis no se produce nada. No hay una capacidad para ir a la altura de ese desafío”, dice Campusano.
El ingeniero civil justifica su argumento con una serie de ejemplos. “Valparaíso crece como destino de interés especial y sigue viniendo la gente en circunstancia que roban, que hay mugre, que hay suciedad. La idea tampoco es que sea una ciudad pulcra ni completamente blanca, pero digo que hay una ausencia de políticas que permitan el desarrollo de Valparaíso bajo el eje del turismo como un elemento dinamizador”. Según el empresario, hay ejes transversales en la ciudad, como el eje Uruguay y el eje Bellavista, donde la municipalidad ha entregado una serie de permisos a vendedores ambulantes. “Vendedores que compiten deslealmente con el comercio establecido, comerciantes ilegales que ensucian y hacen hasta asados en la calle. O sea, Valparaíso es una ciudad donde tu puedes hacer asados en la calle, cosa que no pasa en Viña, en Algarrobo”.
Marisa Rojas y José Campusano están de acuerdo de que no es la idea de que el puerto se vuelva “cuico”. Desde sus distintas visiones ambos concuerdan que la autoridad pública no resuelve los problemas de fondo –en este caso la cesantía- cuando un buen plan de desarrollo turístico puede ser justamente un factor para resolver ese problema.
Otro dato.
“En la ciudad aún no hay estacionamientos para buses de visitantes”, agrega Rojas, “entonces cómo vamos a recibir a turistas si no tenemos las condiciones ideales para hacerlo”.
VIÑA + VALPO, LOS ASCENSORES COMO POSTAL
Loreto Ibáñez recién llegó a principios de enero a hacerse cargo del desarrollo del turismo en Valparaíso. Con 10 años de experiencia en la Organización Mundial del Turismo, organismo especializado de las Naciones Unidas, Ibañez pretende cambiarle el panorama a la gestión turística de la ciudad. Al menos su cargo –asesora directa del alcalde en estas materias- ya ‘suena’ distinto al que entonces tenía Milos Miskovic, ex director de turismo de Valparaíso y ahora director regional del Sernatur.
¿Y ahora cuáles son las primeras acciones para el turismo porteño? Loreto explica que se pretende trabajar con la Fundación Pablo Neruda –usando en el extranjero la ‘marca’ del poeta- y así generar eventos para disminuir la estacionalidad turística de Valparaíso, también se pretende trabajar en la creación de una oficina de asistencia y protección al turista (“no sólo desde el punto de vista de consumidor, sino también como individuo”) y además promocionar en el mundo Viña del Mar y Valparaíso como un sólo destino.
Viña del Mar y Valparaíso, pese a ser ciudadas hermanas son muy distintas. De hecho, Viña tiene bonitas playas, pero que no la distinguen mucho frente a cualquier otro lugar costero del mundo. Pero Valparaíso es único en su especie. Es un ‘lugar de interés especial’. Entonces, ¿será una buena idea vender las dos ciudades como un todo, tomando en cuenta también que quienes visitan Valparaíso son turistas radicalmente distintos a los que van a la Ciudad Jardín?
“Antiguamente, la tendencia era justamente clasificar a los destinos de sol y playa, etc., pero eso ya no es una tendencia mundial. Ahora la tendencia es ofrecer al turista una experiencia. Un destino como una experiencia completa. Una experiencia que no solamente sea en lo cultural, sino que sea en todos los sentidos, a nivel personal, etc. Esa es la tendencia actual. Lo que pasa es que para nosotros el concepto aún está muy segmentado. Pero en Europa no es así porque justamente aquellos destinos que se pueden potenciar por distancia, los que forman estos clusters y hacen una oferta interesante, son los que más están compitiendo ahora y no los otros”.
Cambiando de tema, ¿se hace muy difícil promocionar a Valparaíso en el mundo con la mayoría de sus ascensores cerrados?
“No es complicado. Bueno, ese es uno de los primeros temas que me mencionaron los empresarios y también el alcalde. Todo lo que son la basura, los ascensores, son problemas donde hay que atacar las bases. En los ascensores en este momento hay un problema para Valparaíso. Pero hay una cosa que ustedes no han visto, que los ascensores en Valparaíso siguen existiendo. Porque yo he visto a los turistas –y miren que me voy a quemar con lo que estoy diciendo- yo los he visto felices sacándose fotos incluso por fuera de los ascensores. ¿Y por qué? Porque eso no lo encuentra en ninguna otra parte. Entonces, ese valor patrimonial que hace que él pueda ir a algunos ascensores -aunque haya otros que estén abiertos- y que se pueda sacar fotos por todos ellos, ya es un valor en si mismo y eso no se ha visto, no se le ha sacado el valor”. LOV




