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Luz Mireya, la “artesana” del reciclaje

Luz Mireya, la “artesana” del reciclaje

Luz Mireya con flores hechas de botellas desechables.

Luz Mireya Martínez el año 2010 debió cerrar su florería en Valparaíso. Desde entonces cambió las flores y maceteros, por latas y botellas. Hoy es una “artesana” del reciclaje, confeccionando con desechos productos como ceniceros, porta documentos, entre otros. Gracias a las redes sociales 2.0 se metió a este negocio y ahora cada día sorprende al público en la locomoción colectiva. Esta es su historia.

Por José Cuadra V.

A comienzos del año 2009, Luz Mireya Martínez, decoradora de interiores de profesión, recibió un sorpresivo mensaje vía Facebook que cambiaría para siempre su vida. Una buena amiga brasileña le mostró cómo con un vaso de plástico podía armar hermosas flores. Impresionada decidió imitarlo y comenzó a llenar las estanterías de su florería en Valparaíso, en el cerro Barón. Esta afición se apoderó de ella, y de repente, se vio confeccionando ceniceros con latas viejas, collares de taps, porta documentos de tetra pak, entre otros productos hechos de materiales reciclados.

“Recuerdo que se aproximaba el día de las madres. Todo iba bastante bien, pero en esos días, me pidieron que entregara el local. De pronto en mi casa me vi con cientos de ceniceros, flores y monederos. Allí nació la idea de ir a vender a las micros, ya que hace muchos años había sido inspectora de rutas, por lo que ya sabía más o menos cómo funcionaba la venta en ellas”,  nos relata  Luz Mireya, en su casa en Santa Julia, en el sector alto de Viña del Mar, lugar que también ocupa como taller.

En un principio los ceniceros carecían de color, pero al poco tiempo perfeccionó la confección y los pintó, además de dibujar motivos según la zona geográfica que representaran. A medida que creció esta pequeña empresa, sus diseños en los diversos productos fueron cobrando vida: Valparaíso, Viña del Mar, Reñaca, o cualquier otro lugar donde haya estado, se vieron reflejados.

Las principales técnicas, eso sí, las aprendió vía skype, donde su amiga –la misma de Facebook- le enseñó didácticamente. “Aprendí gracias a una amiga que tiene una feria en Río de Janeiro la que a través de Skype me fue mostrando todo este arte; mostrándome el uso de las tijeras o los alicates; ayudando a concretar lo que mi imaginación me iba diciendo”, recuerda.

Durante varios meses Luz Mireya se la pasó frente al computador practicando técnicas y dibujando diseños. Aprendió a mezclar pinturas de colores, amoldó sus pinceles y creó una novedosa forma de reutilizar aquello que para la mayoría es basura. Sin embargo, nada de esto hubiese sido posible sin las redes sociales, cuestión que sabe fue parte principal del proceso y a su vez un instrumento para proponer un cambio sobre cómo entender el reciclaje.

CAMBIANDO EL MUNDO

Cada vez que se sube a una micro para ofrecer sus productos, Luz Mireya invita amigablemente a conocer su sitio web, dónde gratuitamente ofrece las instrucciones para que las personas aprendan a reciclar diversos materiales. “Muchos de mis conocimientos los he adquirido en cursos a los cuales he tenido que pagar, pero creo que es importante que se difundan y se conozcan, ya que siento que en ese espacio la gente puede aprender y mostrar lo que hago. Por eso si las personas que compran mis ceniceros tienen internet, les paso uno que en la parte de atrás tiene grabado mi blog”, detalla.

Luz Mireya mostrando las latas que ha recogido y que pronto serán usadas para sus ceniceros.

Mientras muestra su trabajo, emocionada cuenta cómo esto ha mejorado su calidad de vida, pues opera desde su propio hogar y le ha ayudado a contribuir a cuidar el medio ambiente. “Para mí esto resulta motivante, ya que aunque sea de forma mínima, con este trabajo, se ayuda a limpiar la ciudad. Cada fin de semana en el que recorremos sectores de Valparaíso como la Plaza Aníbal Pinto o Bellavista o la avenida Perú de Viña, son a lo menos cuatro bolsas grandes las que nos traemos llenas de basura”, relata. Y agrega que es agradable ver como en la locomoción colectiva reciben su trabajo de buena gana: “hay muchas personas que dan un poco más de dinero que el que corresponde a cada producto; también hay quienes sólo se limitan a felicitarme, y que me extienden su moneda, sin esperar nada de vuelta”.

Sin embargo, no todo es siempre bonito. “Hace un tiempo estoy dejando basureros a lo largo de la ciudad. El problema es que la gente a veces deja pañales sucios en circunstancias que al lado hay un basurero dedicado para la basura orgánica. Siento que es un acto de mala fe. De veras espero que la gente entienda que el reciclaje es algo importante, ya que para mí es una fuente de ingresos, pero para la ciudad es una acción que le permite verse más limpia y ordenada”, concluye Mireya. LOV

Equipo de Redaccion

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