mar 2 2012
Viña del Mar: Locales iconos de calle Valparaíso cuentan cómo han sobrevivido en los tiempos del Mall
Por más de 3 décadas la disquería Casa Mar, Café Samoiedo y el “Cine Arte Viña del Mar”, han formado parte del corazón de la cultura típica de la ciudad Jardín. Concentrados en el clásico paseo peatonal de la calle Valparaíso, hoy, la vorágine económica y social, los tiene a maltraer relegándolos a una lucha por preservarse y salvarse del olvido. Sírvase un café y lea las siguientes líneas sobre lo que que han debido resignar para lograr su preservación.
Por José Cuadra V.
La calle Valparaíso por más de 50 años ha sido el eje del encuentro social viñamarino. Mucho antes que se hablara de la “manzana 666” y su supuesta peligrosidad, antes que se convirtiera en una arteria más del gran tránsito, la mencionada calle era el gran centro de Viña donde se lucían locales clásicos y era panorama obligado los fines de semana.
Con el pasar del tiempo, el paseo viñamarino comenzó a decaer en su servicio y su entorno comenzó a deteriorarse. Según el documentalista, Edgard Doll, (creador de “Lugar de Encuentro” 61′, 2009) hubo dos fenómenos que la llevaron en ese camino, cambiando para siempre la afluencia de público y sellando el destino de muchos negocios del sector.
“Por una ordenanza municipal se permitió el paso de la locomoción colectiva, en el que hasta ese entonces era sólo un paseo peatonal. Al mismo tiempo se estaban dando las primeras luces de lo que sería el Mall Marina, lo que llevaría a relocalizar lo que era entendido como el centro de Viña”, explica el catedrático de la carrera de Cine de la Universidad de Valparaíso, indicando además que en esto tuvo gran responsabilidad el municipio de ese tiempo.
Hablamos con tres locales íconos de la clásica calle viñamarina, los que contaron cómo han sufrido estas transformaciones en la ciudad.
DISQUERÍA CASAMAR: Ubicada en el Portal Álamos, la disquería Casamar lleva por más de 37 años marcando tendencia en los sonidos especializados, o si se prefiere, un poco alejados de los ranking radiales. Desde que fue fundada por la familia Lazarus los estilos musicales como la ópera, jazz, blues y rock, se volvieron parte del repertorio de la calle Valparaíso, llegando a poseer tres locales para diferenciar de mejor modo a la música especializada versus la de corte más popular.
No era extraño entonces que sonidos tan icónicos como el rock de Los Prisioneros; la balada algo tormentosa de Miriam Hernández o el reggae con aires de punk de la banda de Lucas Prodan (Sumo), se vieran desfilar en directo tras sus vitrinas. “Nosotros abarcábamos desde la ranchera a Richard Wagner. Si nos preguntaban de rancheras, nosotros entendíamos de rancheras, si por el contrario, nos preguntaban por la tetralogía de Wagner, sabíamos qué responder”, relata Carmen Baeza, socia hace más de veinte años de la disquería, mientras muestra los retratos en la pared con Jorge González y Miguel Tapia (Los Prisioneros).
Carmen agrega que el saber y hablar de música es lo que siempre los destacó, pero la desaparición de las casas matrices de los sellos en Chile hizo que dependiesen solo de la distribución del catálogo de Argentina. El problema era que ellos si bien vendían los discos a menor costo, no contaban con el repertorio especializado que sus clientes demandaban. Aquello derivó en menores ventas y que durante 1997 tomaran una drástica decisión. Ya no habría cabida al piano tradicional y a la opción de compartir un café. Ahora ese espacio quedaba cedido a un local de comida rápida, lo que les permitía abaratar costos, pero al precio de volverse una disquería prácticamente sólo para coleccionistas. Supuestamente en marzo dejarían su actual ubicación y su futuro es incierto.
CAFÉ SAMOIEDO:Un fenómeno similar de pérdida de patrimonio es el que viviò el mítico café Samoiedo, el primero en su rubro de la ciudad viñamarina, desde que una familia de italianos le diesen vida como un restorán de autoservicio a inicios de los sesentas. Hoy, tras más de medio siglo de historia, se vio en la obligación de cerrar su antiguo local y resignarse a disminuir el espacio que albergó el esplendoroso escenario social de Viña desde 1979. Hoy es un elegante local de comida rápida.

El admnistrador Cristian Aguayo en el Cine Arte de Viña, donde todavía hay butacas como las de antaño.
“Nosotros originalmente, estábamos divididos en dos locales. Uno era restaurante, y el otro cafetería. Sin embargo, el 30 de junio del año pasado cerramos el más grande, para en diciembre instalarnos con este espacio”, cuenta Ricardo Oyanedel, administrador del Samoiedo, hace 11 años. Agrega que: “la gente, sobre todo los turistas buscan participar de aquellos locales que marcan tradición en la ciudad, y con todo el tiempo que llevamos, creo que lo hacemos”.
El problema para Oyanedel, y que podría explicar el por qué el café vio resignar su clásico local a manos de un centro de pago de telefonía celular, es que sólo la gente adulta siente la necesidad de preservar estos espacios. Para él, la gente joven siempre anda en búsqueda de lo nuevo, pues no siente el tema de resguardar lo clásico.
CINEARTE VIÑA DEL MAR: Inaugurado durante febrero de 1967, tras la agrupación de cuatro jóvenes cinéfilos, el Cine Arte Viña del Mar, es un ícono en la Calle Valparaíso, que pese a la irrupción de internet o las películas en formato cuneta, que se pueden adquirir en frente a su entrada principal, ha sabido mantener además de un público cautivo, su nombre y estampa, dando cine que hace pensar.
Lágrimas y sudor es lo que le ha permitido sobrevivir a este local, enfrentando los artilugios de los cines comerciales que ofrece el Mall Marina Arauco. Eso asegura, Cristian Aguayo, operario del cine hace casi dos años. “Nosotros tenemos el problema que la gente no nos acompaña mucho, ya que no damos las películas holiwoodenses típicas. Por otro lado el polo del centro de Viña se trasladó al Mall Marina, haciendo que las personas quieran pasar gran parte del día allí”, reflexiona.
En aquel contexto el apoyo gubernamental o municipal, resulta indispensable. Así los fondos concursables del Ministerio de Cultura a partir de su apartado dedicado a la difusión al Cine, o el arriendo al municipio dos veces por semana, como centro de reuniones, les ha permitido seguir en pie sin perder su sentido original.

El cafe Samoiedo ahora es más pequeño y permaneció solo la parte nueva del local. Ya no es lo mismo.
Sentido, que según Aguayo, cuesta mantener cada vez más. “La gente está cambiando desde hace diez o quince años atrás, producto del nuevo ordenamiento valórico que propone el sistema económico actual. Ahora la gente se preocupa más de conseguir lo último de moda, en vez de disfrutar de algo más complejo, ya que si no fuese así no hay modo de explicar qué lleva a que presentaciones que son dadas de forma gratuita no cuenten con más de diez personas en las butacas, en circunstancias que de haber sido de pago, costarían por sobre los $10 mil pesos”, reclama el administrador actual.
LOS NUEVOS TIEMPOS
Bajo este panorama, la calle Valparaíso, considerada por el ilustre historiador Benjamín Vicuña Maquena en su obra de 1877 “De Valparaíso a Santiago” como “la arteria más considerable y hermosa de la población”, hoy se ve disminuida y amenazada a manos de la desidia que provoca la inmediatez del mercado estandarizado.
Según el documentalista Edgard Doll, la falta de políticas claras en el patrimonio viñamarino ha resultado fatal, un golpe en el corazón. “Hoy, simplemente, no hay acuerdo entre las organizaciones que dan vida a la Calle Valparaíso, para buscar fórmulas que les permitan enfrentar el mercado actual, en la cruda ecuación de comodidad versus preservación de la memoria. Por eso no hay defensa de estos espacios frente al privado, lo que lleva a tener que transar para poder sobrevivir, lo que a la larga implica que sean demolidos, o reacondicionados”. LOV
-
carlos valderas henriquez

