mar 7 2011

HISTORIA, MUERTE Y RAICES

El cementerio de Disidentes fue restaurado, pero encierra mas que mausoleos y tumbas, sino que gran parte de la historia de Valparaìso.

Hace algunos años tuve la oportunidad de viajar a Punta Arenas, el recorrido que me recomendó una amiga incluía una invitación al cementerio de la ciudad. Con mi hija emprendimos en aquel entonces esa especial visita sin sorprendernos mucho. En Valparaíso siempre hacemos recorridos a algunos de los tres cementerios del cerro Panteón. Aquella vez en el cementerio austral vimos el monumento al Indio Desconocido, y al principio sentí orgullo del reconocimiento a los pueblos originarios, aunque después mi amiga me contaria que ese “milagroso” monumento no tiene relación con la masacre a los originarios del sur.

Todos esta evocación de recuerdos surgieron después de visitar la semana pasada el cementerio de Disidentes Valparaíso, donde observé la restauración del hall y un nuevo memorial a los inmigrantes, obras encargadas por la Corporación Privada del Cementerio, después que los años causaran profunda mella en las instalaciones y claro también algo de daño recibido por el terremoto del año pasado.

Por eso es que toco el tema. Los recuerdos de un paseo por un cementerio, no creo que sean sólo eso. Hay en ellos más que contar y analizar. Que el Cementerio de Disidentes sea restaurado es sin duda un gran paso. En las necrópolis uno puede llegar a capturar la historia propia de una ciudad, se observan los detallados mausoleos y tumbas, pero también se ven riquezas y penumbras, se detectan las diferencias sociales, a los personajes renombrados y la historia de las grandes familias que construyeron cada urbe. Lo que claramente es más que sólo un par de apellidos desconocidos.

Visitar los cementerios tradicionales en Valparaíso, en aquellos donde la muerte no “desaparece” en verdes prados, siempre conduce a viajes en el tiempo. Viajes en que uno redescubre la amplia riqueza cultural sobre la que está construida la ciudad, donde se maravilla con la arquitectura, donde uno se sorprende con los mausoleos de las antiguas sociedades de oficios, como tipógrafos, artesanos entre otros, donde se admiran los monumentos de homenaje erigidos a grandes próceres o personajes de la cultura popular, como por ejemplo la animita “milagrosa” de Emile Dubois en el cementerio nº 3 de Playa Ancha, que pese al paso de los años tiene muchos “pedidos” y agradecimientos.

Los cementerios no son solo lugares físicos donde la comunidad despide a sus seres queridos, un cementerio es siempre una oportunidad de reencontrarnos con las raíces más profundas de nuestra historia. Las administraciones de los cementerios 1, 2 y el de Disidentes se han preocupado de resguardar este patrimonio, en los primeros dos con procesos de restauración en convenio con el DUOC UC y en el caso del de Disidentes con dineros propios restaurando el hall de entrada, que había sido atacado por las aves (que quizás querían establecer su propio museo).

Es verdad que queda mucho por hacer en los camposantos porteños, ya van más de 7 años de la declaratoria de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad y todavía falta posicionar estos espacios -y muchos otros- como lugares de referencia histórico/patrimonial para visitantes y habitantes de la ciudad. El paso natural es socializar y digitalizar sus riquezas arquitectónicas, patrimoniales e históricas. Por lo tanto, hay que disponer de material gráfico (mapas) de los espacios en su interior y propender su visita. Tenemos que ser los propios porteños y porteñistas los primeros en destacar el valor histórico que yace en nuestra propia tierra. Tenemos que ser nosotros los primeros en dar estos pasos.

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