may 11 2010
UN VIÑAMARINO EN SUDÁDRIFCA

El viñamarino asegura que sus nuevos amigos apoyarán a la “Roja” en el Mundial.
Felipe Naranjo es el protagonista del último comercial de Coca-Cola, donde es el encargado de enseñar nuestros cantos y grito nacional para apoyar a la selección chilena para el próximo mundial, y donde el afortunado joven tuvo la bendita obligación de visitar el país anfitrión del evento: Sudáfrica. ¡Qué peguita!
Por Gonzalo Espinace
La fiebre mundialista es como la gallina de huevos de oro para las grandes corporaciones. Las posibilidades para el “merchandising” son múltiples. “The Coca-Cola Company”, es uno de aquellos gigantes que saben la gran oportunidad que se presenta cada 4 años, y claro, han aprovechado este fervor colectivo por el balón pie para posicionarse.
Gracias a la creatividad de excelentes publicistas (muy bien pagados además) crearon y lanzaron un comercial mundialero para el último amistoso que jugó la selección chilena contra Trinidad y Tobago, el miércoles pasado. Una publicidad divertida, enfocada en buscar apoyo en las tierras africanas de Lesoto, país ubicado al interior, insólitamente, de Sudáfrica. Y sí, existe.
Aunque lo más anecdótico (para nosotros ¿ok?) es que el protagonista de aquel comercial es viñamarino. Su nombre es Felipe Naranjo (24), un joven actor, que hace un par de años se fue a estudiar teatro a Buenos Aires, sin imaginar que protagonizaría uno de los comerciales chilenos que seguramente será uno de los más vistos en estos días.
El comercial dura 1 minuto con 5 segundos y cuenta la travesía de un grupo de chilenos –liderado por este ex alumno del Colegio Saint Paul’s- que viajó a Lesoto en búsqueda de “conquistar” hinchas que apoyen a la selección en el mundial. Y ahí aparece Felipe enseñando a corear “vamos chilenos”, haciendo un asado con los negritos o arriba de un bus gritando un cea-che-i. (Punto aparte. Este comercial también fue replicado para transmitirse en Argentina, Paraguay y Uruguay, cada uno con su respectivo hincha del país).
Aquí, entrevistamos a Felipe para que nos cuente cómo estuvo el trabajito que lo llevó por dos semanas al país sede del mundial. Una suerte que no todos tendremos.

El joven actor confiesa que los niños no entendían nada cuando llegaron a grabar el comercial
¿Cómo surgió la posibilidad que aparecieras en el comercial?
“Fue medio de suerte. Yo vivía en Buenos Aires y me había vuelto a Chile a probar suerte, cuando me llamaron de una castinera de acá donde me conocían hace tiempo para avisarme que buscaban a un actor para una película de Adrián Suar, así que volví para el casting. Y cuando estaba a punto de irme a Chile me volvieron a llamar para decirme que había otro casting pero ahora con chilenos para una publicidad de Coca-Cola para el mundial, yo no tenía mucha fe pero fui igual sin muchas expectativas. De ahí, volví a Chile y a la semana me llamaron para confirmarme que había quedado seleccionado”.
¿Qué sensación tuviste cuándo te dieron este papel?
“Cuando quedé seleccionado no lo podía creer. De hecho, cuando me llamaron me dijeron: ‘¡Quedaste!’ y yo no sé porqué me quedé sin habla. Ahí de nuevo me gritaron: ‘¡Te vas a Sudáfrica!’ y ahí recién caí. Estaba solo en el departamento de mi hermana que vive acá (Buenos Aires) y no tenía a quien decirle. Corría por las paredes. Saltaba por todos lados. Imagínate que te digan que te vas a trabajar a Sudáfrica. Ahora que veo el comercial ya lo creo”.
¿Cómo fue el proceso de grabación?
“Hubo gran parte del comercial que se grabó en Sudáfrica, ya que los productores de allá eran de Capetown y conocían las locaciones mejor que el equipo que viajó desde Argentina, sobre todo las tomas grupales. Pero estuvimos en Lesoto ya que el cliente y la agencia exigían que se grabara ahí. Las tomas de Lesoto fueron las más mágicas”.
- ¿Y cómo es Lesoto?
“Es un país de 2 millones de personas, muy pobre y con gente muy humilde. Fuimos a grabar a una especia de tribu en una pequeña localidad llamada “Roma”, y la gente de ahí al principio no entendía muy bien que estaba pasando (sobre todo los niños) pero de a poco se fueron familiarizando con nosotros y pasaron a ser amigos nuestros.
¿Cuáles fueron los lugares que más te llamaron la atención durante el viaje?
“Definitivamente Lesoto. Es hermoso. Uno que lo ve desde afuera puede pensar que hay mucha pobreza y que están dejados por el mundo, pero las preocupaciones de la gente ahí no es la misma que la de nosotros. Ellos viven con otro ritmo y se preocupan de cosas mucho menos banales que nosotros, o sea, no les importa tener el celular con camarita o el computador más rápido, piensan más en qué cosechar para darles de comer a sus niños y sobrevivir. Es distinto, no peor”.
¿Y fue muy raro para ellos cuando llegaron ustedes vestidos con la “roja”? ¿Conocían algo de Chile?
“Cuando me acercaba a la gente me preguntaban de qué país era y yo les decía Chile, y como justo había ocurrido lo del terremoto me hablaban de eso y se compadecían mucho. Mandaron mucha fuerza y energía junto con un par de saludos que grabamos y mostramos a varia gente en Chile. Lo otro fue Zamorano y Salas. ‘ZA-SA’ me decían, sobre todo los futboleros. Nos recibieron increíblemente”.
Después del trabajo realizado por ustedes, ¿podemos estar seguro que la población de Lesoto se sumará a la “Marea Roja” en los partidos del Mundial?
“El ‘C-H-I’ y el ‘Vamos chilenos’ no se lo olvidan más. Sigo en contacto con gente de allá, así que si se encuentran con un par, seguro que tienen la roja puesta”.
¿Cómo es el ambiente que se vive allá previo al Mundial?
“Están muy relajados. O sea, hay carreteras y construcciones que les falta bastante para estar listas, pero si uno les preguntas si van a llegar a tiempo ellos te aseguran que sí. Por otro lado, para alentar a la selección nacional (“Bafana bafana”), todos los viernes se ponen los colores de la polera para incentivar la unidad, como siempre lo hizo Mandela, que es un semi dios para ellos”.
¿A los negritos (con cariño, por cierto) les costó mucho impregnarse de la pasión chilena?
“Ellos hablan unos idiomas que, para nosotros son muy extraños: el Sotho y el Xhosa. Ambos idiomas son súper guturales y mi misión fue, en todas las locaciones, enseñarles el ‘C-H-I’, no les costó en lo más mínimo. De hecho fue uno de los gritos más populares ya que también había cantos de Argentina, Uruguay y Paraguay. Se iban a sus casas cantando ‘¡¡Vaaaamos, vamos chileeeenos!!’”.
Acá el famoso comercial.
