ago 6 2010
EL CLUB DE RESCATISTAS

Los alumnos una vez que entrarona clases para aprender acerca de la sobrevivencia marítima. Un ramo escencial para dedicar a ser rescatista.
De seguro los has visto en el mar patrullando por las costas de Viña y Valparaíso, en medio de fuertes temporales, rudas mareas, y arrasadores vientos. ¿Quiénes son? El cuerpo de Voluntarios de los Botes Salvavidas, un grupo de valientes hombres que se dedican a salvar la vida de otros. Aquí, nos metimos en su club para traerles una mirada íntima acerca de su institución y quienes la componen.
por Javier Foxon
“¿Por qué siento que esto está inclinado?”, le pregunto a Jaime Villagrán, el Primer Piloto (quien comanda una de las dos naves) del Cuarto General del Cuerpo de Voluntarios de los Botes Salvavidas de Valparaíso, al entrar al contenedor donde imparten sus clases a los novatos. “Porque está inclinado… inclinado al mar”, responde orgulloso.
Es viernes por la noche. Otra jornada de vigilia comienza para el grupo de voluntarios. Villagrán nos pasea a mí y a mi fotógrafo, por su sede en el Muelle Prat, donde hacen sus turnos. Me avergüenzo un poco, todavía no subo a una embarcación y ya estoy mareado. Me avergüenzo porque vengo de una familia marina. Mi viejo trabajaba con buques y el tío de mi abuela, periodista igual que yo, amó tanto el mar que lo retrató en muchas crónicas, lo que mezcló con su trabajo justamente en la organización donde estoy ahora para contar quiénes son.
Mi tío bisabuelo -Ricardo Valenzuela- entró a la fundación de los Botes Salvavidas, que data de 1925, tratando con su fundador, Oluf Christiansen, un hombre de mar corpulento y de pipa, como sacado de una película. Quien al verlo tan flaco y con anteojos, le dijo: “no te veo muy… macizo, para serte franco”, una cualidad esencial en esa época. “Yo tampoco me veo cap”, le respondió al descendiente de daneses. Y dio en el clavo. Le cayó en gracia. Era uno más del grupo, “el que tendría que llevar el portavoz”, como se lee en su libro “Viento en la Bahía” (1953).
“Salí a popa en muchos temporales”, relata en su publicación, después de ingresar sin experiencia en el mar. Un evidente sacrificio, a veces incomprendido por la familia, y que sólo entienden los que arriesgan su vida por otros; encandilados por el vaivén del océano. Porque ese es el espíritu de los voluntarios, y que viene desde sus inicios. No importa quién esté en peligro, ya sea un perro ahogándose o tripulantes de una embarcación encallada por culpa de un temporal, como ocurrió hace un par de semanas. Ellos siempre socorren sea cual sea la circunstancia.
UN VIEJO ESTANDARTE
En la cámara de voluntarios encontramos sentado a Rafael Laorga, de 74 años, un hombre que parece haber sido arrancado del libro de mi tío bisabuelo periodista. Allá los jóvenes lo conocen como “el padrino”, es que don Rafael ostenta el record del más viejo en la institución con más de 50 años. No en vano, todas las oficialidades en 20 años fueron formadas por él.
“Lo conozco de cabro chico”, cuenta Jaime Villagrán, uno de los integrantes que nos atendió al principio. “El me enseñó todas las maniobras. Fíjate que él recibió a mi papá de postulante, me recibió a mí, y ahora recibe a mi hijo”, explica, una tradición que no todos pueden contar. Laorga lo sabe. “Me voy a morir después de todos ustedes”, bromea.
Con más de 400 temporales en el cuerpo, el viejo contramaestre, fue el encargado de las maniobras y la tripulación por más de 20 años. Incluso navegó con el danés fundador en el primer bote. Y como buen hombre de mar, sabe que este tipo de vida es complicada. “Lo más chistoso es que a unos sus mujeres que antes de entrar a los Botes Salvavidas lo hacían optar: ‘El bote o yo’. En cambio a mí, cuando estaba nublado, mi señora me echaba. ‘Ándate al bote’ me decía”, ríe don Rafael, “en una de esas, después que me iba, llegaba el otro”.

Aqui hay tres generaciones de voluntarios. El fundador atrás en el retrato y don Rafael y Jaime, en primer plano.
¿QUIERES SER VOLUNTARIO?
Los muchachos ahora conversan antes de clases, alumnos y profesores ven tele, quienes siempre se acuartelan cuando se declara mal tiempo y una vez a la semana se reúnen para perfeccionar a los más nuevos. Pero, ¿cuáles son los requisitos para ser un voluntario en el Bote Salvavidas? “Lo único que se pide es que tenga amor por el mar, espíritu de sacrificio y un alto compromiso de servicio público”, explica Jaime Villagrán. Puede ingresar cualquier ciudadano, hombre o mujer. Aunque en sus filas por el momento haya solo hombres.
Ser parte de los que brindan seguridad en el mar no es fácil. Menos cuando hay naufragios o rescates de heridos en acantilados, donde los voluntarios trabajan en conjunto con Bomberos, Carabineros y la Armada. Actualmente, el Cuerpo de Voluntarios de los Botes Salvavidas, cuenta con 80 voluntarios, todos de distintas profesiones. “Hay abogados, dentistas, profesores, choferes de micro, mecánicos”, explica Jaime Villagrán, quien sube ahora a la sala de clases donde habrá pronto 22 postulantes en plena cátedra de sobrevivencia marítima.
De marzo a octubre, los jóvenes deben pasar por un arduo proceso de adiestramiento de dos años antes de formar parte oficial del equipo. Ya que es en el segundo año donde los aspirantes reciben cursos más acotados a la función que quiere desempeñar en los Botes Salvavidas. “Pueden ser paramédicos, buzos, pilotos, piloto de motos acuáticas”, enumera Villagrán.
MOMENTOS CRUCIALES
Acá todos tienen una historia. Un momento clave. Un rescate que los marca de por vida. Aunque la consigna es que “las historias tristes no se cuentan”. Aquí nadie olvida, porque para otra vez, eso te puede salvar la vida.
Luis Cortes Bosch, capitán de la institución, es de aquellos con esas historias. Una vez en un naufragio uno de sus amigos y compañero perdió la vida. Aunque no quiere tocar tanto el tema, relata que ese día sólo tenían un par de indicaciones del accidente. Un barco se hundía, pero no sabían precisamente donde. “Buscar en el mar sin datos es complicado. Es como buscar una aguja en un pajar”, recuerda. Y agrega. “Y eso es peor, ya que sabes que hay una persona que se ahoga, y tu misión es llegar y salvarla como sea”.

Patrullando en un de sus botes atentos a cualquier emergencia.
Villagrán, el que ha sido nuestro guía, también tiene de esas historias. En el año 2000, cuando el mercante liberiano “Avon” encalló en el muelle Portales. “Apoyamos como pudimos, bajamos a la tripulación y estuvimos trabajando casi 36 horas seguidas. Y ahí hubo un naufragio. Un bote pesquero de la caleta donde felizmente pudimos rescatar a dos pescadores, pero un tercero falleció”.
Tal como cuenta el buzo comercial, hay que estar preparado para enfrentar la muerte en estos casos. Él se tiro al mar para salvar el cadáver, no fue fácil. Tirarse en pleno temporal, en una instancia donde los fuertes vientos y marea hacían titubear a cualquiera. Para eso se requiere más que habilidades, sino que corazón y fuerza.
La jornada de vigilia continúa. Rafael “el padrino” Laorga, se despide de nosotros, pero antes se saca una foto con su antiguo aprendiz, el contramaestre Villagrán. Para ellos la noche sigue, nosotros ya nos vamos. El mar se ve calmado. Adentro, comienzan las clases a los 22 alumnos. Parece que hoy será una velada tranquila. Eso, hasta que las lluvias y la madre tierra, digan lo contrario. LOV
