DE VÍCTIMA A “MILAGROSA”

9/03/2010 Fecha | 13:36 Hora  | 1 Comentarios

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El homenaje fue hecho el 3 de febrero pasado y hoy la animita de Ivonne crece en popularidad.

A Ivonne Castro, víctima del desastre en calle Serrano, ya no la visitan sólo sus familiares. Son muchos los porteños que van a prender velitas en su animita esperando que sus deseos se cumplan. Con el paso de los años, esta mujer se ha convertido en un alma milagrosa que concede favores a cambio de fe. Hoy su fama de hacedora de milagros va creciendo.

Por Javier Foxon

“¡Por nada en el mundo te digo mi nombre! Si te lo digo siento que estaría violando la confianza que tengo con la Ivonne. Quédate con mi historia no más. Se cuenta el milagro pero no el santo”, responde una anónima creyente mientras se persigna por última vez besándose el pulgar. “Entiéndeme, ella es milagrosa. Me concedió el favor y por eso ahora tengo que pagarle”, repite al aire y mirando el cielo.

Minutos antes, la devota mujer había llegado caminando hasta el memorial de las víctimas del desastre de la calle Serrano. Un recuerdo que ha estado ahí desde febrero del 2007, entre medio de la desolación y con muy poca gente transitando por la desgraciada vía. Nadie olvida la explosión producto de un escape de gas que afectó a 6 edificios, entre ellos el palacio Subercaseaux, junto a algunos locales comerciales que hasta el día de hoy están enterrados entre escombros y polvo.

Ahora, en silencio frente al homenaje que recuerda a las cuatro víctimas fatales de aquel trágico 3 de febrero, la anónima creyente hace la promesa de volver lo antes posible con una placa de agradecimiento por los favores concedidos. Para ella las víctimas actualmente son más que personas con mala suerte, para ella una de las fallecidas, Ivonne Castro, es milagrosa.

SU HISTORIA

El día antes de aquel fatídico día, Ivonne en su casa recibió una llamada de su jefe. Era viernes por la noche y su empleador le pedía que si por favor podía abrir más temprano al día siguiente. A las ocho ojalá. Una hora antes del habitual horario de entrada en Confecciones PyT.

Ivonne tenía 44 años. Era madre soltera de su hijo Iván que en ese entonces tenía 19, y según su hermana mayor, Judith, “estaba cansada de su trabajo”. Por eso ella ya había comenzado a tirar currículos en otra parte. En ese tiempo, Ivonne no hacía ni concedía ‘favores divinos’. Sólo era una mujer trabajadora –aunque una santa para su hijo- que caminaba todos los días desde su departamento del cerro Barón hasta su trabajo en Serrano para darle estabilidad económica a su familia. El recuerdo de ella es como una madre querendona, una mujer optimista que siempre llamaba a todos en el día de su cumpleaños.

La familia Castro no sabe cómo es que Ivonne llegó a ser “milagrosa”. Ninguna de las cuatro hermanas sabe cómo, pero su hermano Romilio, que es pescador, está seguro de que ahora ella siempre lo ayuda cuando se va “a la mar”. Alto, barbón y el único hombre de la familia, dice que cuando está en medio del océano, sentado en su bote, piensa en ella. Ahí le habla, le cuenta cómo ha estado y ella lo escucha. Tanto que al final de la mañana él siempre vuelve con las redes llenas de pescado. “Eso me hace muy feliz, porque me siento conectado a ella”, reflexiona.

La familia Castro – González visitan a Ivonne mientras posan para el álbum familiar.

UN ALMA MILAGROSA

Durante estos tres años que han pasado desde el gran accidente -donde se sindicó como responsables a las empresas Chilquinta y Gasvalpo-, Ivonne ha aumentado en su popularidad y hoy tiene creyentes que la van a visitar. No le rezan a Aldo Ayala, tampoco a Margot Pozo, ni a Eliseo González, tres de los cuatro fallecidos, le entregan oraciones a Ivonne, vendedora de una tienda de confecciones y le dejan placas, flores, y velas en su animita, pues están convencidos que es milagrosa.

“Es que ella ES milagrosa”, recalca la mujer creyente. “La Ivonne le ayudó a mi hijo para que entrara a Investigaciones. Era la segunda vez que postulaba y cuando la primera vez no quedó, le vino un bajón tan grande que me dio tanta pena que vine a pedirle a la Ivonnecita que me ayudara. ¡Y cumplió! Por eso estoy aquí para agradecerle”, cuenta. Ella nunca conoció a la vendedora que falleció tres años atrás. En realidad, una amiga de una amiga le comentó que una amiga suya, que sí conoció a Ivonne, le había resultado rezarle. La cadena de recomendaciones comenzó y no paró.

“Sólo debes tener fe”, le dijo su amiga. Dicho y hecho. Después de un arduo proceso de selección, su hijo pasó este año a integrar las filas de la PDI, la mujer cada vez que pasa por Serrano, le prende una velita y le deja una flor. Fuese o no, obra de la difunta, razón para estar contenta tiene de sobra.

Al parecer en Valparaíso, juzgando por las cuatro placas de favores concedidos, y los numerosos ramos de flores que hermosean su animita, hay muchas personas que le rezan a Ivonne. A tres años de su tragedia, Ivonne pasó a ser de hermana, madre y amiga y se convirtió a los ojos de algunos porteños en un alma milagrosa.

Si es o no milagrosa Ivonne, eso solo lo puede resolver la gente. Aquí una persona que contempla su memorial

EL HOMENAJE

Son las ocho de la mañana y los medios de comunicación llegaron a calle Serrano para el homenaje a los fallecidos en el  incendio. Periodistas, familiares y mirones esperan a que comience la ceremonia. “Estamos probando sonido”, anuncia el tipo que oficiará de anfitrión por el parlante. “Les avisamos que la ceremonia va a comenzar a las 8:35, a la misma hora que ocurrió la tragedia”, enfatiza.

Patricia, María Soledad, Judith y Romilio, la familia de Ivonne Castro, conversan con otros parientes y se preocupan en “amononar” la animita. Sólo falta Gladys, quien como vive en el sur no ha podido viajar a ver a su hermana. Iván, el hijo de Ivonne, nervioso, espera a que empiece el evento mientras se pasea de aquí para allá. No es un chico de muchas palabras, pero dice que cada vez que se acerca a un 3 de febrero le baja algo que ni él mismo sabe qué es. Sobre la nueva condición de su madre, es escueto. “Igual me gusta que la gente sienta que mi mamá hace milagros. Así todos se acuerdan de ella”, dice mientras espera.

Iván, el hijo de Ivonne, frente al memorial que recuerda a su madre.

Iván hoy tiene 22. Según su tía Judith, el muchacho ha cambiado mucho. Lo ve de lejos y se alegra que ya esté superando la pena. “Estuvo dos años perdido”, cuenta, “dos años en que estuvo con sicólogos porque no quería salir de la casa, pero menos mal que eso ya pasó”. Judith está segura que es Ivonne la que lo ayuda y lo acompaña a diario. Mientras Patricia, la hermana menor, limpia el memorial, tal como lo prometió, de ahora en adelante lo resguardará por el resto de su vida.

“Normalmente la gente de acá cuida la animita. Los borrachitos son buenas personas y no le hacen nada. A lo más hay gente que se roba las botellas donde ponemos las flores. Pero no creo que sea porque sean milagrosas”. O a lo mejor sí. LOV

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Javier Foxon

Adulto joven de 27 años y ágil periodista de crónicas de La Otra Voz. Informaciones a jfoxon@laotravoz.cl o www.twitter.com/holajavier

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