22/02/2010
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El Cine Arte es un clásico viñamarino y no se puede perder disfrutar de una película sentado en una de sus butacas.
La llegada de modernas salas de cine no han evitado que el Cine Arte cautive día a día con sus particulares películas a un fiel público. Es el único cine-teatro que queda a la vieja usanza en la Ciudad Jardín y su valor es incalculable. Es un sobreviviente que tiene más de cuarenta años de historia y por eso nos adentramos en este céntrico local para conocer sus orígenes y las claves que han permitido su hidalga permanencia. Elija su butaca y disfrute de la siguiente función.
Por Gonzalo Espinace
El Cine Arte de Viña del Mar lo rodean las ironías. El gran ícono viñamarino inaugurado el 24 de febrero de 1967, fue una verdadera piedra angular para el desarrollo del cine en la ciudad. Sin embargo, hoy se encuentra sobreviviendo con los escasos clientes fieles que van a sentarse a sus butacas. Y tan sólo a pocos metros se da la primera ironía, en la entrada principal, frente a la plaza José Francisco Vergara, los vendedores piratas de películas se “hacen la América”, ofreciendo sus ilegales productos, y más encima, tapando la misma cartelera del lugar.
El Cine Arte para cualquier viñamarino de corazón es un sitio único. Literalmente, porque es el singular sobreviviente de los antiguos teatros que antes había en el centro, hoy reemplazados por discotheques o diversos locales; es el último mohicano de las salas a la vieja usanza. Un vivo recuerdo de otros tiempos, lejos de las grandes cadenas, como alguna vez lo fueron los conocidos cine Rex y Olimpo en el centro de la urbe o el Cine Premier, en calle Quillota.
La última ironía, y aquí se demuestra la crueldad del mercado: el clásico cine posee una entrada más barata que cualquier sala de Cinemark en Viña: su entrada general adulto es de $2500 y en la gran cadena es de $3500 ¿Quién tiene la culpa? todos y nadie. Las grandes salas tienen más capacidad y mejores asientos como ventaja, en cambio la mística del viejo teatro no la puede recrear el dinero y sentarse una antigua butaca no tiene comparación. Y es en la realidad más barato.
Lo único cierto, por ahora, es que el Cine Arte es un viejo estandarte que continua en pie. Un lugar donde exhiben cintas con profundo significado y excelente tramas, como también mega producciones de grandes películas hollywoodense ganadoras de premios Oscar, que obviamente a nadie dejan indiferente.

Los fundadores del Cine Arte exhibieron una película con contenido sexual explicito, transgrediendo las norma de los años sesenta.
LOS CUATRO FANTÁSTICOS
La creación del antiguo recinto fue muy particular. Primero, porque fue un ejemplo de entusiasmo digno de imitar, y segundo, porque sus fundadores se destacaron por el gran aporte que hicieron al cine en Viña del Mar. Todo comenzó con un grupo de cuatro muchachos cinéfilos que en la década de los sesenta se unieron para formar este espacio.
¿Quiénes eran? El reconocido cineasta Aldo Francia, creador del llamado Nuevo Cine Chileno, que también participó en la fundación del festival de cine de la Ciudad Jardín y creó el Cine Club de la misma ciudad; José Pellerano, un amante del séptimo arte; el abogado Guillermo Aguayo, gerente del cine que murió en diciembre del año pasado, y el contador Hugo Castelleto, el único aún con vida de este magnífico cuarteto el encargado de salvar al cine de todas las vicisitudes económicas como un mago de las finanzas.
Para lograrlo, los entusiastas decidieron vender 600 acciones para conformar una sociedad que financiara la nueva sala, cuestión que aprobaron hacer tras realizar un pequeño muestreo con sus más cercanos que podría interesarles. Sentados en sillas y con una mesa afuera del frontis, con su mordaz lengua, capturaban el interés de los transeúntes y a través de los medios publicitaban su iniciativa. Así lo explica Aldo Francia, en su libro Nuevo Cine Latinoamericano en Viña del Mar, quien describió que todos ofrecían el producto, incluso, en sus pegas. “En mi caso, al examinar un paciente y después de extender la receta, convencía a los padres de las ventajas de ser socios del Cine Arte. Posteriormente, con Guillermo Aguayo, los visitábamos nuevamente y concretábamos la venta con la firma de los contratos y las letras. Y de ese modo, logramos vender casi la mitad de la sala”, detalla en su texto el pediatra fallecido en 1996.
PELÍCULAS “DIFERENTES”
Actualmente, la encargada de administrar el cine es Rossana Carrasco, una difícil tarea pues los tiempos que corren no son los mejores. Menos para una sala que reproduce en su mayoría aquellas películas con un claro énfasis en romper el clásico cine masivo, muchas veces incomprendido.
Un ejemplo: en su noche inaugural la cinta presentada fue “El ABC del Amor” (1967). “El título de la película ya prenunciaba algo; pero no lo habíamos visto y no nos podíamos imaginar que (…) una joven, abierta y descaradamente, toma en sus manos los genitales de su novio, hecho que en la pantalla constituía el mayor escándalo posible en la época”, describe Francia en su obra sobre el cine latinoamericano. Para que imaginen lo transgresor, en la apertura se encontraban invitadas autoridades, entre ellas, el Obispo de Valparaíso, el Monseñor Emilio Tagle. Sorpresa, sorpresa.
Desde ahí esta trinchera del cine independiente batalló contra las grandes bazofias que vendió (y vende) el cine gringo, sin embargo, hoy han flexibilizado la parrilla añadiendo producciones que atraen a mayor cantidad de público, pero que mantienen el espíritu del cine con contenido.
Mientras Rossana nos muestra las dependencias y llegamos al auditorio principal. La administradora se sienta en una de las 430 butacas y señala algunas en específico. “Lo especial de estos asientos es que algunos están acondicionados para las personas gorditas”, explica. Y efectivamente tienen un sorprendente espacio cada una de las 17 butacas especiales. Un lujo si se considera que fue hecho en los años sesenta.
Sin embargo, la mantención de cada uno de ellas no es sencilla. Aunque cueste creerlo hay personas que dañan los asientos, cuestión que genera gastos innecesarios para esta sociedad sin fines de lucro. “Reparar una sola butaca nos cuesta $30 mil, y el dinero es escaso”, lamenta con rabia la mujer, quien llegó a trabajar a este recinto hace 25 años, en ese entonces, como cajera.
Pero no todo son malas noticias. Este año lograron la subvención del Programa de Formación de Público del Consejo del Arte y la Industria Audiovisual (CAIA), una suma cercana a los $40 millones.
“Estamos a la espera de que nos lleguen los fondos. Una de las medidas que vamos hacer con este dinero es arreglar las butacas del cine”, comenta entusiasmada de reparar cualquier daño estructural del lugar en este primer trimestre. Aunque claro, eso no es suficiente así como tampoco solo la venta en taquilla, por lo que la sala se transforma ciertos días de la semana en un centro de eventos para presentaciones musicales, teatrales o eventos varios, desde capacitaciones hasta foros. Pitutos que ayudan al momento de saldar las cuentas que bordean los $5 millones cada mes.
ALTA FIDELIDAD
Hoy la administradora comprende que es imposible competir con la transnacional instalada en la ciudad. Desgastarse, es pérdida de tiempo. La verdadera lucha es mantener la esencia del cine que ha perdurado por más de cuatro décadas: películas que te hacen pensar.
“La gente que viene acá quiere ver la película tranquilos, sin escuchar murmullos. Me pongo nerviosa cuando hay personas inquietas porque nuestro público lo rechaza. Aquí la gente no come dentro de la sala y también le gusta manifestarse después de las películas, muchas veces terminan todos aplaudiendo. Incluso, a veces yo me quedo en la puerta de la salida y me felicitan”, comenta la encargada.

Esta es la sala de proyección, donde Erasmo Villalón ha reproducidos miles de películas por 41 años.
“A la gente le gusta hablar de las películas a la salida, a veces se van a tomar un cafecito después. Aquí se han formado muchas amistades y romances. La gente le gusta venir a conversar acá y contar sus historias. Eso es lo lindo, que el Cine Arte es una familia”, ilustra con emoción, agregando que las clientelas más fieles son los adultos mayores y los estudiantes, que tienen considerables descuentos en sus entradas.
Dejo la butaca y, antes de salir, miro hacia arriba, donde se encuentran los proyectores alemanes (marca Zeiss Ikon) de 1930, que funcionan hasta hoy y son manejadas por Erasmo Villalón, quien lleva 41 años cumpliendo ese “invisible” rol. Si “Los Cuatro Fantásticos” ya dieron el empujón inicial y el Cine Arte es parte de la historia viñamarina, ahora depende de nosotros que no se derrumbe. Esperemos que esta película tenga un final feliz. LOV
Tags: Aldo Francia, cine, Cine Arte, Cinemark, Olimpo, Rex, Viña del mar




























Como olvidar que fue en este cine donde vi una retrospectiva de Wim Wenders o que hace años a la par de la entrada, te daban un papelito donde estaba el numero del asiento asignado que se elegia de una pizarra que estaba a la espalda de la cajera (aun esta ahi, pero ya no se usa) Gran reportaje, felicitaciones…
un gran reportaje! felicitaciones
Un bonito viaje al pasado y presente de este rincón de viña, que hoy parece algo anacrónico si miramos, una vez fuera de la plaza, en lo que se ha convertido el resto de la urbe. deberían inventar algo, sacarle partido a esa cualidad de “único” que tiene el cine arte, aprovechar las escuelas de cine de valpo y viña, crear ciclos alternativos y convertirse en un rincón como a ratos fue el cine central (con el ciclo de cine insomnia) o lo que es el cine arte alameda. creanme que habemos muchos interesados en “reapropiarnos” de ese espacio, si la oferta fuera la adecuada, constantemente.
felicitaciones gonzalo, y al equipo de LOV. compruebo que seguimos en lo mismo.
Siempre útil, la cartelera: http://www.marapodia.com/cinearte
Me sumo a las felicitaciones por el artículo y el medio en general.
Querido y estimado Cine Arte….Debo confesar que fue gracias a mi madre, que es una Bibliotecaria y a la vez una cinéfila constante que conocí el verdadero placer de disfrutar una buena película en esta gran y mítica sala, ya clásica para todos los amantes del verdadero cine, claro de “esas pelícilas que te hacen pensar” como dice el artículo anterior, además me identifico mas aún con esta sala pues nació el mismo año y mes en que yo naci, allí se han materializado sueños, eventos historicos de la música chilena y latinoamericana, como aquellos inolvidables conciertos de el grupo viñamarino Los Jaivas llenos de experimentación e improvisación realizados en su escenario y que fueron capturados en cintas y ahora estan disponibles después de mas de 30 años en la interesante publicación de cinco discos compactos de este gran grupo chileno titulada “La Vorágine”, asi es….el mejor cine y la mejor música…que mas se puede pedir….el gran grupo Congreso tambien a plasmado su música allí en ese gran escenario, así podría enumerar incontables sucesos acontecidos en este increíble recinto, es una razón más que suficiente para agradecer al Cine Arte de Viña del Mar por la labor cultural que ha desarrolado en la región, yo soy un porteño y jamás ha sido impedimento viajar hasta Viña del Mar para disfrutar de una buena película o un buen concierto, espero que mucha gente siga asistiendo a esta gran sala a disfrutar y a soñar y a apoyarla como se merece….VIva el Cine Arte de Viña del Mar y nos vemos ahi por siempre….gracias por la posibilidad de plasmar éstas lineas…..con cariño para ti Cine Arte….Gerardo Báez T