2/02/2010
| 20:00
| 0 
Por Iván Henríquez
Siempre me ha gustado la autogestión. No esperar que algo venga a uno, sino que uno ir al encuentro de lo que busca. Este pensamiento o actitud, para mi tiene gran valor. Ahora bien, ¿qué pasa si uno desea una cosa con todo su ser y no tiene la experiencia ni el conocimiento para llevarlo a cabo? Por supuesto uno puede llegar y hacer, como quien dice, “a tontas y a locas”, porque claro existe la posibilidad de acertar.
El Barón Haussmann fue un administrador público francés que llegó a ser el alcalde de París en 1850. Cansado del “rococó arquitectónico” y las carencia parisinas, trazó líneas y ejes sobre la ciudad francesa que la transformaron en la primera ciudad moderna del occidente ¿Por qué? Porque gracias a él dejó de ser una ciudad amorfa, insalubre y mal conectada internamente. Pasó a ser una ciudad expedita, higienizada, y de muy buen aspecto para todos sus ciudadanos.
La máxima autoridad parisense sin ser arquitecto ni urbanista de profesión logró con una mano de “cirujano” solucionar un sinfín de complejidades urbanas. En este caso que explico el sentido común pudo más que cualquier grado de experticia. A este tipo los arquitectos le llamamos tener “buena mano y mejor ojo”. Un notable mérito.
Concentrándonos en lo local, Valparaíso y Viña del Mar, están repletos de ejemplos de arquitectura vernácula, es decir, donde sus habitantes en muchas ocasiones han sido los responsables de los diseños de espacios públicos y privados, aportando con los colores y curiosidades formales. El resultado de esto es un paisaje rico y variado en contenido y forma urbana.
Sin embargo, ¿qué pasa si una casa o recinto es parte fundamental de lo que podemos llamar las postales de la ciudad? Para graficar qué es una postal de ciudad, usemos como ejemplo el Reloj de Flores, el deteriorado Muelle Vergara o el mismo Castillo Wulff, entre otras.
Como se dará cuenta querido lector, no son pocos los edificios que poseen esta categoría en el Gran Valparaíso, aunque tampoco son un número grande, por lo que no hay excusa para que no estén bien mantenidos y en buen estado.
De ahí que en el caso de este tipo de construcciones, estructura medular de las ciudades, las decisiones azarosas no son por lo general las mejores ni las más indicadas. Con esto quiero señalar que cualquier intervención que se realice sobre o entorno a ellas debe hacerse con mucho cuidado, para así respetar una memoria histórica que preservan. Además conlleva una carga emotiva generada a través de los años, una remembranza del espíritu de la época.
La reflexión que hago la expongo a raíz de la desazón que me produce ver el estado actual de ese maravilloso edificio que fue el Cap Ducal. Una pesadumbre que me da al observar como una y otra vez se interviene sin criterio, ni sentido alguno el histórico edificio, hoy usado como restaurante. Como fue trasformado en un embeleco de lo que fue originalmente.
Actualmente sus ventanas redondas que simulaban las de una embarcación fueron reemplazadas por unas verticales, el acceso que era por el segundo piso ahora se hace por el primero, las ampliaciones realizadas rompieron la arquitectura original de la obra, desparecieron terrazas y toldos por ampliaciones y el sentido original de un barco encallado de bonita estética, hoy es encallado pero de manera deforme. En conclusión, un mal chiste o una réplica triste de una maravillosa época en la cual y sin lugar a dudas era una “postal urbana” de Viña del Mar.
*Cap Ducal, fue construido en 1936 y es obra del arquitecto chileno Roberto Dávila. hizo estudios en la Bauhaus (Berlín de los años ‘30), tiene obras en Viña por ejemplo. la casona de la Universidad de Viña del Mar (agua santa) y por muchos años profesor en la Universidad de Chile. En su taller se aprendían las proporciones y el lenguaje de la Arquitectura Chilena y algunos trucos de diseño que aún se utilizan)
Tags: borde costero, Cap Ducal, icono viñamarino, Viña del mar




























