25/01/2010
| 21:18
| 8 

Este es uno de los gratos paisajes de Pucón. Sin ninguna estructura que impida su vista o ensucie el paisaje.
por Javier Foxon
Es domingo y el sol de Pucón está amable, como para ir a descansar junto al lago. Viajé con mi polola por el fin de semana a esta turística ciudad. A descansar un rato del ajetreado ritmo de La Otra Voz. Y desde allá (ayer domingo), escribo esta columna. Pero antes les describo lo que detonó mi inspiración y curiosidad para este precioso texto.
Durante nuestros múltiples paseos, entramos a una pequeña tienda donde vendían miel de abeja. Y Gabriela, mi novia, le preguntó a una vendedora hasta qué hora tenían abierto. “Hasta las 12 de la noche”, le respondió la niña detrás del mesón, mientras ordenaba sus productos. En su respuesta no hubo desgano. Ninguna cara larga. Menos algún atisbo de “lata”. Ok, nos topamos con una persona amable y trabajadora, por qué quedarse hasta esa ahora para sólo vender miel, pensé.
Sin embargo, (he aquí mi sorpresa) en todos los negocios ocurría lo mismo: buena cara y hasta las doce. Tiendas, boutiques, y hasta las librerías estaban abiertas hasta incluso pasada la medianoche. Como viñamarino no pude dejar de comparar. Pensé en los locales de calle Valparaíso que no trabajan los domingos y en sus estrictos horarios de cierre. Pensé en el mall que cierra a las 11 de la noche. Después recordé a la niña, que vendía miel en calle Ansorena y en el resto de los locales.
Dudo que sea un asunto financiero. Menos de grandes empresarios versus pequeños empresarios (de hecho el local de la niña era más chico que cualquiera de calle Valparaíso). Lo que sí creo es que acá hay un desarrollo de la conciencia turística completa. Desde el más pequeño emprendedor, hasta el más grande empresario.
Es que pareciera que los puconinos se tomaron en serio –mucho más en serio que los viñamarinos- esto de ser un importante destino turístico del país y trabajan –se azotan realmente- para estar a la altura de ello. Y ojo, que es a Viña la que llaman la “capital turística de Chile”.
Otro ejemplo. Como Viña, Pucón se llena en el verano. O sea por todas las avenidas hay potenciales consumidores. Es por eso que ellos cierran Fresia –el sector gastronómico de la ciudad- transformando la calle en un bulevar, obligando de paso a los automovilistas a que guarden el auto y salgan a caminar.
Y vaya que el sector se hace agradable cuando los empresarios sacan las mesas a la calle y crean una peatonal culinaria con variedades que pasan por la francesa, peruana, criolla y alemana, entre otras. Y vuelvo a pensar en la ya no tan Ciudad Jardín y en su sector gastronómico, como San Martín, y sólo me viene el mal recuerdo de lo horrible que resulta comer entre bocinazos y enormes tacos, sin contar el problema de conseguir estacionamiento.
¿Será que en Pucón se dan cuenta que deben realmente esforzarse durante la temporada turística? ¿Será que hay mayor planificación entre autoridades y comerciantes? Sin duda, aunque también podríamos decir que la diferencia se debe al turista y al tamaño de la ciudad. Claro, Pucón y sus alrededores atraen a europeos con ganas de vivir experiencias “outdoor”, además de familias con mayor poder adquisitivo. A comparación de Viña y sus “turistas de segunda vivienda” y mendocinos, que más que consumir en locales, saturan los supermercados y los “cafecitos”. Y buscan siempre lo más barato, porque hace rato que el visitante de 5 estrellas dejó de venir a nuestras playas.
Aún así, creo que si es que hubiese mayor debate en cómo enfrentar la temporada turística en Viña, otro gallo cantaría. La diferencia lo hace el detalle. La innovación. La identidad. Sin estos elementos, y sin una mejor organización entre privados y autoridades, Viña seguirá siendo esta ciudad que alguna vez fue bella y que cada día muta hacia algo parecido a un pueblo sin identidad que está junto al mar y a una hora de Santiago. Y cuyo comercio en su temporada de mayor oportunidad, es igual al invierno: cerrado a las nueve de la noche y lleno de autos. Viña, ¿por qué no aprendes?
Tags: calles, comercio, miel, Pucón, tiendas, turistas, Viña del mar



























Como viñamarino, me hice las mismas preguntas durante mi reciente paso por Pucón. Pareciera que en Viña del Mar, la costumbre de la caracterización de “capital turística” de Chile, ha provocado una peligrosa somnolencia, tanto en autoridades como empresarios turísticos. No es casualidad que las ciudades que abren sus brazos al turista, como una creciente oportunidad para el desarrollo, extiendan sus jornadas y creen una amplia variedad de actividades para satisfacer las necesidades (y oportunidades) que trae el viajero: mucho tiempo libre, ganas de hacer cosas y plata para gastar.
Ojala nuestros empresarios y autoridades sepan copiar los buenos ejemplos y dispongan las condiciones para que, tanto nosotros que vivimos en la “capital turística” como quienes nos visitan, podamos aprovecharlas.
Qué bueno el reportaje! Lamentablemente estamos insertos en un gobierno comunal que no entiende de turismo o de calidad de vida para los residentes. Cree que “equipando” el borde costero con construcciones de dos pisos va a aumentar el turismo cuando es todo lo contrario. La alcaldesa es una mujer que se deja convencer fácilmente por los seudo asesores de los que se ha rodeado. Lamentablemente los resultados de las políticas erróneas de la Muni sólo se verán cuando los que la dirigen ahora ya se habrán retirado. Pero cuando la gente pregunte quién autorizó semejantes aberraciones, un nombre saltará a la vista y será el de Virginia Reginato.
Me pasó lo mismo ahora que estuve en Valdivia. Me sorprendió que una ciudad mucho más extrema y con condiciones climaticas tan adversas, en comparacion a Viña del Mar, sí sepa crear una parrilla de programas gratuitas, festivales, tours y una variedad tan amplia para comer, salir y conocer. Y me pasa ahora, que regreso a Viña, que después de la playa no hay mucho mas que hacer aparte de ir a una disco o pub. O sea, si no fuera por la playa… que lata. Ojala las autoridades lean esto, que costaría por ejemplo cerrar unas cuadras de san martin, que la gente camine ahi, que haya musica, etc. Porque el festival de la canción, tampoco digamos que hace mucho la diferencia, es una pura semana, al final del verano y previo pago de entrada…
Es la pura verdad no mas. Viña del Mar tiene las mismas cosas de hace treinta años atras y arrastra desde ese tiempo la fama de ciudad “entretenida” pero la verdad es que para cualquiera que tenga más de 35 años, o vas a comer o vas al casino o te vas a la cama. Sería todo. Que tengan ojo las autoridades, camarón que se duerme se lo lleva la corriente!!!
solamente es un asunto de costos talvez esos locales del sur son familiares a lo mas tienen un empleado en cambio los locales aca son atendidos netamente por empleados por lo que deben cumplir con un horario y el respectivo salario por las hrs trabajadas, como conclusion hay que decir cuanto vale la pena tener abierto un local si en altas horas de la noche el consumo no da para el gasto de mantenerlo abierto, o simplemente cuantos locales estan en condiciones de hacerlo……
¿Precioso texto?
precioso. tal cual
Me llamò la atenciòn este reportaje. Soy de esas personas que creen que sus derechos terminan cuando comienzan los de los demàs. Que una organizaciòn social, para ser òptima, debe ceñirse a reglas de convivencia entre las que el respeto mutuo y el lìmite de horario, son fundamentales. La categorìa de “turista”, no tiene por què favorecer a algunos en desmedro de otros.
Convengo en que un centro turìstico debe ofrecer esparcimiento y diversiòn a los visitantes. Concuerdo en que hoteles, restaurants, pubs y todos los lugares de diversiòn funcionen hasta altas horas de la noche, porque esa es su esencia y estàn organizados y capacitados para ello. Pero no me parece que en un negocio pequeño, una persona tenga que trabajar hasta las 12 de la noche porque yo, que estoy paseando, prefiera comprarle miel a esa hora, habiendo tenido la oportunidad de hacerlo durante todo el dìa. Distinto serìa el caso si ese negocio fuera una empresa familiar, donde todos los miembros se repartieran equitativamente los turnos de atenciòn en bien del patrimonio comùn.
Turismo no es sinònimo de servilismo. No es lògico que mientras unos pasean haya otros que pierdan su derecho al descanso dominical, a cenar con su familia, a regalonear un rato con sus hijos antes de irse a dormir. En una palabra, a descansar al cabo de una ajetreada jornada.
¿O acaso los veraneantes no pondrìan cara larga si al llegar de nuevo al trabajo se les comunicara que, en adelante, su horario se prolonga hasta las 12 de la noche?.Saludos lsv.