12/01/2010
| 19:51
| 2 
Esfuerzo, creatividad y humor. Esas palabras definen a Miguel Ángel Núñez, más conocido como “Cachito”, hoy un clásico personaje porteño que cambió sus andanzas como vendedor ambulante para cumplir su sueño: levantar su propia empresa. Pase a servirse un Cachito Light en esta crónica.
por Javier Foxon
“Ahora vivo esa visión que tenía en mi sueños. La puedo tocar”, señala con cara de orgullo, mientras acaricia lentamente su escritorio. Miguel Ángel Núñez (48), más conocido como el “Cachito” (y como lo llamaremos de ahora en adelante), es un personaje clásico en Valparaíso, un excelso vendedor que ganó fama gracias al producto que le dio su seudónimo, los cachitos light. “Es que los hacíamos con una crema light y de ahí salió todo”, explica sentado en su oficina sobre el inicio de su pequeña empresa y cómo sus anhelos se convirtieron en realidad.
Cachito es actualmente el dueño y gerente de una microempresa de confites que cuenta con dos sucursales en el plan del Valparaíso, pero ojo que no fue todo fácil, primero, pasaron muchos años de fracasos y sobre todo, esfuerzo. Mucho Esfuerzo. Aquí, para todos los universitarios o vecinos del puerto que compraron alguna vez un cachito, les contamos la historia de Miguel Ángel “Cachito” Núñez.
Abajo, un vídeo donde demuestra su don de la palabra y los universitarios le celebran.
LA METAMORFOSIS
Cachito nació en Santa Rosa, Santiago, en 1961. En su adolescencia trabajó literalmente en “lo que fuera”, a los 20 años puso un quiosco en Santiago que resultó un fiasco; solo 6 años después encontró un trabajo estable, como supervisor de operaciones en el Puerto de Penco, VIII Región del Bío Bío. Pero no, la suerte tampoco llegaba y fue despedido. Sin embargo, conoció un nuevo rubro. “Ahí, comencé. Dos personas me invitaron a vender dulces artesanales con una bandeja y un sombrero en la playa de Colcura”, recuerda.
Y claro, no fue fácil al principio, especialmente después de haber trabajado con terno y corbata. “Fue una lucha, tomar la bandeja y vender. Y los que me invitaron se reían porque no pensaron que sería capaz”, rememora, mientras mueve las manos efusivamente.
En ese momento Cachito dejó de ser Miguel Ángel, el oficinista, para convertirse en un hábil comerciante, uno oculto en él, esperando por saltar a las veredas, que más que vendedor, es más bien un promotor y publicista, un experto en marketing forjado en las calles y las cunetas, que con el don de la palabra aprendió a cautivar al público de las arenas de Colcura. Después solo éxito: gritaba sus promociones, inventaba frase ganadoras, aparecía en todos lados y su carisma lo llevó a vender, según él, más de mil pasteles en tan solo una hora y 15 minutos.
CONQUISTAR EL MUNDO
Con la fórmula aprendida, solo faltaba un paso para completar sus conocimientos. Junto a Ivonne Villarroel, su esposa con quien tiene dos hijas, se fueron a Santiago a tomar clases de repostería por las tardes y en las mañanas dedicarse a las ventas callejeras. Fue ahí cuando comenzaron las visiones en sus sueños. En su interior sabía que podía batírselas por sí mismo, ser más que un vendedor ambulante: crear su propia empresa.
Para eso, llegó a la Quinta Región, a San Antonio. Ahí, nacieron los famosos “cachitos light”, reconocidos en Valparaíso, sobre todo para los estudiantes de la sede central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). “San Antonio fue mi escuela para ir a las ligas mayores en Valparaíso”, comenta, como sabiendo que ahí estaban los “choros” y donde finalmente cumpliría su sueño.
“Y nada detuvo a Cachito, ni el clima, ni ningún tipo de obstáculos”, cuenta en tercera persona, como hablando consigo mismo en retrospectiva, como tomándole el peso a su largo camino. En 1999 arribó a San Roque, Valparaíso, de un puerto chico, llegó al puerto principal ¿Con qué objetivo? Conquistar el mundo. “Sabemos que todo se consigue a través del esfuerzo”, repite como mantra.
LA CONSAGRACIÓN
Cachito es espiritual. Él sabe que para que una persona compre, lo primero es la confianza. “Como seres humanos somos creadores de atmósferas, y yo elijo qué atmósfera puedo tener ahora mismo con ustedes y lo que hay que hacer es crear una atmósfera positiva”, dice el gurú.
Es que la buena onda es un sello de Cachito, tanto, que una vez sufrió una emboscada de al menos 15 escolares durante una marcha estudiantil, los que le quitaron sus dulces de la bandeja, para después darle monedas en un gorrito que traía. Para Cachito eso fue posicionar la marca. “Lo que pensé fue que en ese momento volverían a comprar más, así que dejemos que corra esta adicción”. Pura sabiduría.
Incluso, Carabineros le soplaban cuántos buses y pasajeros llegaban a Valparaíso desde Santiago para las manifestaciones afuera del Congreso. Obvio, Cachito tenía todo calculado. Y nacían las fantásticas promociones producto de su verborrea. “Los cachitos hoy vienen con vale otro”, “los cachitos hoy regalan vacaciones soñadas”, entre otras. La idea era simple: vender, vender y vender.
Así, la rutina continuó durante siete años. La fama creció y su público también. Su rostro era reconocible en el puerto. Y por fin, después de intentarlo cuando tenía 20 años, nuevamente insistió con un quiosco. La suerte por fin le sonrió. Postuló al Fondo de Solidaridad e Inversión (Fosis), y logró obtener $300 mil como base e invirtió en un negocio, frente a la actual estación de metro Barón. Un año después, inauguró su segundo local en Avenida Argentina. El imperio del Cachito se extendió por el puerto principal.
Hoy cuenta con 5 empleados a su cargo y organiza sus finanzas hasta con un software. Eso sí, paradójicamente, ya no vende cachitos. Fueron reemplazados por golosinas, bebidas, helados, etc. “Ya no los hago porque apenas tengo tiempo. Tengo el equipo para hacerlos y mi gorrito todavía, pero están en el museo del Cachito”, apunta y ríe, mientras vuelve a acariciar su escritorio. El sueño de su vida.
Tags: bebidas, cachito, pasteles, porteño, Pucv, valparaíso, vendedor ambulante






























Grande cachitoooos =D uhuhh yo lo conosco desde sus comienzo cuando promosionaba en las afuara de los colegios ,nose si seera asi pero yo sabia que el nombre de cachitos light porque empezo a decir que ahora tambn estaban en la vercion light para “cuidar la figara de las damas sin dejar el sabor de lado” xD
Saludos =)
Un hombre grandioso, lo conozco hace muchos años y todo lo que ha logrado y logrará, se lo merece…..